domingo, 11 de octubre de 2020

¿Qué pasaría si el Príncipe Azul no hubiera encontrado el zapato de tacón alto de Cenicienta?

Ya han pasado 3 años desde la noche cuando Cenicienta perdió uno de sus zapatos de tacón alto. Vive en el castillo del reino de su padre que ya está muerto, su madrastra sigue tratándola como si fuera una sirviente y sus hermanastras, Anastasia y Drizella pasan de ella diplomáticamente. Esto puede sorprenderte, pero tengo una cosa que te quiero decir: el Príncipe Azul aquella noche no encontró su zapato de tacón alto y esto causa que no ha cambiado nada en absoluto, todo sigue en su cauce original. Cenicienta durante los últimos 3 años no ha dejado de intentar escaparse, pero lamentablemente aún no ha conseguido su objetivo.

Nuestro cuento empieza cuando ella ya tiene 22 años, está más guapa que nunca y no abandona la esperanza de quedar con el príncipe de sus sueños. Los ratones son sus únicos amigos y ella sabe la manera de hablar con ellos. Ahora os cuento cómo ha logrado salir de su propia prisión, que es el castillo.

Una mañana soleada Cenicienta se despierta antes que todos porque sabe que tiene que fregar el suelo si quiere desayunar a tiempo. Ya se ha acostumbrado a hacer el trabajo doméstico, por ejemplo ella recoge las habitaciones, plancha y tiende la ropa y lava los platos. En los otros palacios todo esto es tarea de los criados, además, ellos ganan dinero trabajando para familias ricas. Cenicienta no gana ni un poco de dinero y sabe muy bien por qué: su madrastra la odia por ser la más bella, la más inocente y la más despabilada de las tres chicas. Cuando ella se casó con el padre de Cenicienta y trajo a sus hijas al castillo, ya le indignaba que esa chica rubia no fuera una de sus hijas y que no pudiera alabarse con ella por eso prometió maltratarla y les dijo a sus hijas que no le hicieran caso de ninguna manera. Así que Cenicienta se levanta y sale de su cuarto que está en la primera planta y quiere bajar por las escaleras cuando un ratón viene corriendo delante de ella y se cae al suelo sintiendo un dolor tremendo en la pierna. Como no ve a nadie cerca, se da la vuelta y le pregunta al ratón por qué ha hecho esto. El ratón le pide perdón y dice que ha sido necesario que ella se caiga porque tiene un plan…



Cuando las hermanastras se levantan y vienen a la cocina, ven a Cenicienta sentada en una silla y llorando a lágrima viva. Les sorprende que le haya pasado algo porque ella nunca se queja por nada. Se acercan y empiezan a interrogarla: „¿Quién te ha maltratado?”. Mientras tanto han despertado a la madrastra haciendo tanto ruido. Cenicienta no deja de llorar y les dice que cree que su pierna se ha roto y la tiene que ver un médico inmediatamente, porque si no, nunca podrá seguir trabajando como antes. Al escuchar esto la madrastra decide llevarla al médico, pero no le da tiempo esperarla porque así nadie ha preparado el desayuno, por eso vuelve al castillo diciendo que ella podrá tomar un taxi.

Cuando Cenicienta entra, pasa algo inesperado: ¡el Príncipe Azul es el médico! Pero, ¿cómo puede ocurrir esto? Y el ratón ¿cómo habrá podido saberlo? Ay, pero ¡qué pena que no sepa qué decirle! El Príncipe Azul la saluda sonriendo y contempla su pierna.

- No se preocupe, señorita – dice mientras ella se sube a la mesa de operaciones. – ¿Me permite contarle algo? Se parece mucho a la princesa que se fue corriendo de la fiesta que hubo en mi castillo, en el Castillo de Cristal hace 3 años cuando el reloj dio la medianoche. Ella bajó por las escaleras y perdió un zapato de tacón alto pero no vi dónde estaba porque todo era de cristal, su zapato también, y yo no podía ver sin gafas. Desde entonces no he vuelto a verla, pero estoy seguro de que ella es el amor de mi vida. ¿Piensa que hablo demasiado? Lamento aburrirla.

Cenicienta escuchando al Príncipe Azul se queda boquiabierta. – ¡Yo soy esa princesa, yo perdí mi zapato de tacón alto! Es que tenía mucha prisa… ¿No se acuerda de mí? – y va al lavabo para lavarse la cara que está llena de lágrimas. Los dos se miran y en este momento ocurre el milagro: ¡el Príncipe la reconoce!

- ¿Cómo te llamas, Princesa de mis Sueños? Dímelo, es que no puedo seguir viviendo sin tí nunca más.

- Soy Cenicienta – dice ella y le da un beso.



En fin los novios van a vivir al palacio del Príncipe Azul que está en su reino, Cenicienta lleva a sus ratones también. ¿Me preguntas qué les ha pasado a la madrastra y a sus dos hijas? Pues, ellas se han quedado en el frío castillo del imperio del padre muerto de Cenicienta y las ha matado el aburrimiento.

Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Escrito por Lágrima

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